Ahorrar en el súper no tiene por qué significar comer peor. La mayoría del ahorro real está en cómo comprás, no en qué dejás de comprar.
- Mirá el precio por kilo o litro, no el precio del paquete.
- Comprá lo no perecedero en oferta, no cuando se termina.
- Probá las marcas propias del supermercado — a menudo rinden igual.
- Comprá frutas y verduras de estación — más baratas y más frescas.
- No vayas con hambre — aumenta las compras de impulso.
- Cociná de más y congelá porciones.
- Revisá el changuito antes de pagar, comparando contra tu lista.
- Aprovechá cortes de carne menos demandados — rinden igual a menor precio.
- Comparná el changuito completo entre supermercados, no un producto suelto.
- Planificá antes de ir, no en el pasillo — el ahorro más grande de todos.